Mi tarde de dolor en Skyrim

Seré todo lo breve que pueda porque, en el contexto en el que intento escribir esto, diré que estoy en shock tras las casi OCHO horas de vicio más intensas de mi jodida vida. Así que intentaré no entusiasmarme mucho y eso. Pero no prometo nada.

Leía hace un par de días en Gamesajare (esa página con señores de colores) la opinión que Mr. Fucksia tenía con respecto a Dark Souls. Básicamente era decía que el juego era muy hijo de puta. Pero era de lo mejor que he leído en cuanto a eufemismos, metáforas e idas de olla. Y perfecto en cuanto a explicar todo lo que se le pasaba por la cabeza en cuanto a lo que sentía por el juego y por sus desarrolladores.

Bien pues hoy jugando a Skyrim he sufrido lo insufrible y me apetecía desahogarme. Solo añadir que yo no he sufrido tanto como cualquier jugador de Dark Souls, así que el articulo no os dará ganas de morir. En parte porque no tengo ni la mitad de gracia expresándome y en parte porque yo si he visto al final del túnel la jodida luz. Y seré sincero, cuando la luz ha llegado ha faltado poco, pero un poco más y me saco la polla y la restriego contra la tele gritando blasfemias mientras miraba el cadáver de un par de dragones.

El caso es que yo llego a mi casa a las 19:00. Me pego un duchazo, coloco las cositas, enciendo la ps3 con el juego y tal. Bueno, pues anoche lo deje con una misión a medias cerca de Riftem (esquina sureste del mapa) y ahí quedé. Hoy retomo y buscando esa especie de piedradildo que se supone te dan poderes  – y digo “se supone” porque aún no tengo claro para que valen del todo, así que si alguien me lo explica pues chupi – acabo subiendo a una montaña alta de narices esquivando lobos y demás bichos y me encuentro un piltrafilla que se supone general del imperio y me dice que recupere una máscara dentro de la cripta de suputamadre.

Pues en fin, que como es una máscara el objeto a conseguir, pues Rub piensa: “De huevos, me pillo la mascara y si es poderosa pues mato a este y me la quedo”. Y inicia la mazmorra, con unos enemigos dentro en plan necrófagos de Fallout 3; medio zombi- medio hijo puta y ya noto que son fuertes de narices. Lanzan hielo, siempre vienen de dos en dos y, pese a que llevo una armadura dorada muy chupi, pues me violan sin piedad.

Y empieza la odisea. Con la técnica de mato de uno en uno (que por cierto, la aprendí en Rurouni Kenshin xD) me los voy cargando. Algunos de una forma más rata que otros, véase también el viejo truco de “Te ataco y cuando este jodido de vida me tiro al agua que tu no vienes detrás, me recupero con la magia y así hasta que caigas tu” y así llego más o menos al 50% de la mazmorra.

En este punto que menciono debían ser ya aproximadamente las 21:00. Y no es que la mazmorra sea muy grande, pero me han matado como mil veces, así de inútil, si.

Entre muerte y muerte iba la tarde, ahí mientras la pantalla de carga me mostraba armas y movidas, me recordaba a mí mismo diciéndole entre risas a mi hermano el otro día: “Tío, pero es que el juego es así, tu si en una mazmorra hay muy fuertes pues te piras y cuando seas mas fuerte tu vuelves, que no tienes que hacerlas por huevos según pasas la primera vez”. Y ahí estaba yo, como buen hermano mayor ni puto caso a mis propios consejos y con mis cojones muriendo y chillándole a la tele, pero tumbando a tres enemigos por hora. Poco a poco.

En esta odisea me encontraba. Los enemigos que se suponían simples ya venían hasta invocando monstruos para ayudarles matándome por ellos. Yo soy todo frustración y en la habitación hay una mezcla de calor y odio que no imagináis nadie. Total, que ya llega un punto que voy jodido de todo, de aguante, de pociones de magia, de pociones de vida, las armas a medias… vamos, un desastre. Pero llego a lo que creo que es la parte final de la mazmorra ya.

Con lágrimas a punto de caerme de los ojos hago el puzzle de la garra… Y ahí dentro aparece DON HIJO DE PUTA CON MASCARA ESCUPEFUEGO, con otros tres o cuatro cabrones de los de antes. Mi gozo en un pozo -y en ese pozo seguro que más hijo putas dándome de ostias-.

He tenido que apagar, respirar hondo, cenar y tras la cena, un vistazo al correo y el capítulo de esta semana de How i met your mother, volver a mi odisea.

En fin, que son las doce de la noche y vuelvo a la mazmorra con el cabrón enmascarado lanzando fuego y los otros ahí siguiéndome. ¿La técnica? Pues la misma; que vengan de uno en uno e irlos eliminando.

Bien, pues esto me ha costado otra hora y media. Después, el de la máscara SOLO, casi otra media. No lo he pasado peor en mi vida videojueguil. Pero es que era verles con la vida a punto de extinguirse justo cuando yo moría y siempre pensaba: “Joder, si hago esto bien hecho puedo con ellos” pues así habré pensado unas treinta veces más o menos. Jodido, bien jodido.

Al fin mato al cerdo de las llamas y me hago con la máscara. (Que era fea de cojones pero como recompensa por mi hazaña me ha parecido la cosa más jodidamente hermosa del mundo). Me veo con el mando en las manos de pie en la cama gritándole a todo el barrio que soy el puto amo con mi pijama de Homer Simpson. Pero ya me relajo, salgo de la mazmorra y, tras algo que no voy a contar por lo gracioso y por no joderle a nadie, me quedo con la máscara y vuelvo rumbo a un aserradero cercano al rio que lleva allí.

Total, vuelvo a dicho aserradero y, cuál es mi sorpresa, que mientras estoy llegando a la cabañita donde había dejado mi equipamiento días antes, veo que la gente empieza a gritar “Dragooooneeeees” .  Y ya me cae la gota de sudor frio por la frente y miro a la orilla del rio donde estaba el esqueleto del que había matado días antes y veo que vienen dos dragones volando de frente ¡¡DOS DE ESOS PUTOS LAGARTOS ALADOS!! ¡¡DOS!!

Y total, que en el momento en el que escribo esto son las tres y pico de la mañana y según he matado solo a uno de ellos, con lágrimas de alegría y triunfo, he guardado y he apagado. El otro se ha pirado, no entiendo porque pero desde aquí le doy las gracias (porque así podré dormir más que nada).

En fin, con lo que quiero acabar es con lo vivido, la experiencia, vaya. Yo no tengo mucha paciencia a la hora de jugar (por eso no juego ni a Demon ni a Dark Souls, acabaría matando a mi familia). Pero lo bueno que tiene Skyrim es que tú mismo eres quien te impones los retos a superar. A lo mejor para alguien simplemente lee toda esta movida y dice “Pues vaya gilipollas, que ganas de pasarlo mal pudiendo hacerlo más tarde”. Y no le quito razón.

Fácilmente podría haberme pirado de la mazmorra en cuanto el primer monstruo me tumbó o podría haberme escondido en la casucha y pasar de los dragones hasta que estos se piraran. Pero decidí hacerles frente a sabiendas de lo que había, que eran más fuertes que yo y sobre todo saltándome lo que te diría tu madre si te comprendiera, en plan: No sufras hijo, no desesperes, cuando seas mayor podrás tumbarles fácilmente, así que ya volverás, no tengas prisa”.

¡PUES NO ZORRA! Ahí te quedas, victorioso, con la mano con calambres y tenso como tu solo, pero con la mentalidad de Si, seré nivel 18 aun y no tendré ni media ostia, pero a mi estos cabrones no me tumban hoy, me da igual la de veces que me maten pero morirán”.  Si he jugado tantas horas no ha sido por puro vicio o por ver el final del juego como nos ha pasado a todos alguna vez.

Sencillamente pasaba de esperar a ser mayor.

Compartir: