Como convertí a mi mujer en una gamer (I)

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Aprovechando el inminente primer aniversario de mi boda (para los gamer geeks que encierran un moñas en su interior: ¡es posible!) se me ha ocurrido hacer un repaso de mi relación con @Sirvarada en relación con los videojuegos. Ya veis: romántico que es uno.

Para situaros, comenzaré con un vídeo del grupo australiano Tripod, que ejemplifica muy bien lo que no quería que me pasara al cabo de poco tiempo:

Before we get down to love… I just got to finish this level!

Al principio, fue el pasotismo

Cuando empecé a salir con la que ahora es mi mujer, uno de los hobbies que no compartíamos para nada era el de los videojuegos. En aquella época podías verla conectada al FarmVille y poco más. Cris, que así se llama la señora que me aguanta a diario, tenía ciertos rasgos que me hacían ver en ella una gamer adormecida; una gamer que no sabe que es una gamer.

¿Qué rasgos eran estos? Vamos al turrón:

  • Mucha imaginación. Siempre es capaz de meterse en las historias que lee, que ve o que le cuentan. Literalmente puede transportarse a esas historias y las disfruta. Los videojuegos (los buenos para mí) consiguen eso mezclando diversos caminos, por lo que esto era un claro rasgo favorable.
  • Es jugona tradicional. Le encantan los juegos de mesa y los juegos de rol. Desde el Mus hasta el Seasons, pasando por Carcassone, Risk 2210, Go y mil juegos más. Los videojuegos son herederos tecnológicos de los juegos tradicionales, por lo que siendo ella ingeniera, parecía evidente que la unión de tecnología y juegos tenía que ser lo suyo.
  • Disfruta una buena historia. Ya sea en libro, comic, serie o película es capaz de dedicarle mucha atención y tiempo a seguir la historia, entender a los personajes y disfrutar cada escena. Muchos videojuegos actualmente marcan la cota superior de la narrativa, tanto literaria como audiovisual, para mí actualmente y no podía consentir que se lo estuviese perdiendo.
  • Es constante. Al menos mientras se divierte. Esto no es imprescindible para ser un gamer en sí, pero creo que sí lo es para dar el salto. Creedme: explicarle lo que es WASD a alguien que nunca ha jugado a un videojuego, necesita paciencia por parte del que explica y constancia por parte de quien aprende.
  • Confía en mi criterio. Ella sabe que la diversión es para mí un pilar vital indiscutible hoy por hoy. Ella sabe que no voy a hacer nada que pueda perjudicarla. Ella sabe que voy a intentar que su vida siempre sea más divertida. En serio: esta parte es la más importante.

Sus comienzos

Cuando yo conocí a mi señora, ella tenía ya su recorrido con el mundo de los videojuegos. En su mocedad incipiente cayó en alguna fiesta o cumpleaños una Game Gear. ¿No te suena lo que es una Game Gear? Debes ser muy joven. Básicamente era una consola portátil, con una autonomía que hoy consideraríamos patética y con una pantalla de tamaño razonable a todo color.

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Con el objetivo en mente de convertirla en una gamer, he estudiado sus inicios y he conseguido saber de qué polvos vienen estos lodos (no pongas esa cara, ¡es un refrán!). Sus juegos favoritos en aquella época eran los siguientes:

  1. Sonic. No necesita presentación. Plataformas, velocidad y violencia muy atenuada, llevada al mínimo necesario. Y un animalito como protagonista. Ojo.
  2. Pato Donald. Licencia Disney y plataformas. Posiblemente regalado por padres. De nuevo un animalito. Ojo. Dos de tres.
  3. Fantasy Zone. Naves espaciales, shoot’em up light y muchos colorines.

 

Primeros intentos: pre-Wii

Así que con todo esto en mente, se me ocurrió instalarle mi copia de Dragon Age en su PC, dónde sólo tenía MATLAB, Office y mucho software para simular circuitos, calcular y hacer esquemitas. Un rollo, vamos.

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Enganche curioso al Dragon Age, la verdad. Eso de poder mover a su personaje en un mundo de fantasía, similar a libros como El Señor de los Anillos, La Rueda del Tiempo o Canción de Hielo y Fuego fue un acierto. El problema es que este tipo de juegos, que requieren a jugadores algo intensos y pendientes de las habilidades, los valores… cansa un poco. En cuanto la historia dejó de ser interesante para ella se cansó y se quedó a media partida. Eso sí, tenía perro. Recordemos: animalitos always.

Tras el intento de fantasía y RPG le instalé el Gray Matter, a ver si con las aventuras gráficas le molaba la cosa más. Y le moló, la verdad. No se acabó el juego (de hecho, podría acabárselo ahora…) porque le pilló la mudanza a Alemania de por medio, pero lo de manejar a una chica, hacer magia de verdad y una historia de misterio resultó una buena combinación. No tenía que preocuparse de estadísticas del personaje, de orientarse en un mapa (cof, cof) o de una duración excesiva. Todo esto compensaba el que no hubiese animalitos por lo que parece.

Por medio tuvimos intentos esporádicos con una Play Station 2 prestada en el que hasta se atrevió con el God of War, pero no fue algo concluyente, ya que se dedicaba mayormente a aporrear botones y a ponerse nerviosa en cuanto aparecían más de dos malos en pantalla. Algo común a todas estas experiencias fue la dificultad para comprender símbolos o mecánicas que los jugones tenemos más que asumidas. En God of War no entendía que para matar a un jefe final hay que hacer movimientos especiales o seguir instrucciones especiales, en Dragon Age no era inmediato algo tan trillado como un scroll o una gestión de inventario…

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Esto parece una tontería pero es bastante interesante de cara a saber cual ha acabado siendo su juego favorito. Pero eso será en la siguiente entrada, donde seguiré contando como convertí a mi mujer en una gamer, ¡por si a alguien le sirve!

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