Wii U

Zelda Breath of the Wild: por fin llegó mi turno

Por fin he podido jugar a The Legend of Zelda: Breath of the Wild, unas primeras horas, y os cuento como ha sido mi experiencia.

Como bien sabreis los que pasais por aquí de vez en cuando, me hice con una Wii U de segunda mano hace unos meses. Desde entonces también he ido consiguiendo varios títulos para ella, y entre ellos, The Legend of Zelda: Breath of the Wild. La consola de Nintendo siempre había estado en mi punto de mira, pero no pude hacerme con ella hasta ahora. Pero pese a ser una consola que ya ha sido sustituida por Switch, un servidor la está disfrutando como un enano, gracias a su interesante catálogo de juegos.

The Legend of Zelda: Breath of the Wild era uno de los motivos para hacerme con Wii U, y me encontré con el de casualidad a un precio irresistible de segunda mano, momento que no dejé escapar. Hasta hace unos días no me puse en serio con el, y es ahora cuando puedo comentar ciertos aspectos que me han entusiasmado. No se realmente las horas de juego que llevo (Al final lo he mirado y la consola marca 10h) así que esto son unas primerísimas impresiones.

Libertad a la hora de explorar

Una de las cosas que más me gustan de los videojuegos es la exploración, sentir que vas descubriendo zonas nuevas y lugares a los que nadie a accedido, aunque ya sabemos que los desarrolladores lo han diseñado así. Esto se consigue gracias a que el juego no muestra prácticamente marcadores, y algunos nos los tenemos que fabricar nosotros mismos, con ayuda de una especie de binocular.

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Esto me recuerda en parte a Metal Gear Solid V The Phantom Pain, aunque no es que lo inventara el juego de Konami, lo cierto es que gracias a no existir marcadores que te indiquen donde estaba cada cosa, la sensación de libertad, y sobre todo la de descubrimiento, es mucho más grande.

Breath of the Wild obliga al jugador a buscar su propia ruta, para alcanzar una meta o un lugar, que sí marca en el mapa. El jugador es el que debe explorar la zona y encontrar la mejor ruta, ayudándose siempre de la orografía del terreno, y de uno de los mejores diseños de mundo abierto que he visto.

Y lo mejor de todo es que mientras viajas a un lugar concreto, irás parando en diferentes zonas, o verás algo a lo lejos que te llama la atención y te desviaras de la ruta. Es a esto a lo que yo llamo libertad a la hora de explorar, y esta entrega de Zelda lo hace realmente bien. Hasta que no descubres una zona interesante, no se marca en el mapa.

Es un punto de inflexión en la saga, ya que los últimos juegos de Zelda siempre han estado muy guiados, como si tuvieran miedo a que el jugador se pierda y se aburra. En Breath of the Wild se potencia la exploración para que siempre sea interesante, y siempre tengas algo que hacer. Pero porque el desarrollo de tu partida te lo pide, o porque tienes interés en descubrir que es cada cosa, no porque un marcador te indique el lugar donde está todo lo interesante del juego.

El Zelda más Zelda

Lo que más me llamó la atención en su momento, cuando salió a la venta y vi algún gameplay (pocos, quería llegar todo lo virgen posible al juego y creo que lo he conseguido) es que el juego recordaba mucho a su primera entrega.

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Si recordáis el primer The Legend of Zelda de NES, la primera consola de sobremesa de Nintendo, era un juego de “mundo abierto” que dejaba al jugador a merced del mismo. No existían indicadores, y podías ir a cualquier sitio del mapeado, explorar zonas y descubrir dónde estaba cada mazmorra. En definitiva, era un juego de aventuras, y esta entrega intenta volver a sus orígenes casi como si se tratara de un reboot de la saga.

Breath of the Wild hace esto de forma muy similar; despiertas de un largo letargo, una voz te da unos primeros pasos y el juego te suelta en su mundo. Es cierto que el comienzo es una pequeña zona de la que no podemos salir, sin morir, hasta que conseguimos un objeto. Pero esta zona sirve para que el jugador se habitúe a las mecánicas, y de los primeros pasos, ya que luego sí tendrá un mundo enorme a su disposición.

La saga siempre ha intentado ser un juego de aventuras, un juego en el que descubrir un nuevo mundo con cada entrega. De cierto modo esto siempre se había conseguido, pero con Breath of the Wild creo que por fin han conseguido hacer lo que llevaban buscando desde hace tantos años, y han dado en el clavo. No se si tendremos un personaje que nos guíe más adelante, como Navi o Midna, pero espero que no, ya que estropearía la experiencia que han logrado.

Ahora os dejo, que me han entrado una ganas imperiosas de volver a jugar. Ya os iré contando, pero tengo la sensación de estar ante algo muy grande.

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