Death Race, primer videojuego en generar polémica y rechazo por su “violencia”

Death Race, Arcade de 1976, tiene el “honor” de ser uno de los primeros videojuegos en generar polémica y rechazo, debido a su violencia.

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Exidy Games (1976)

Versión exclusiva de Arcade

Acción

Primera crítica, y relación de los medios, de la violencia en los videojuegos

Posiblemente es uno de los primeros juegos en los que se relacionó la violencia con los videojuegos y con ello se creó repercusión mediática. Todo motivado por su contenido violento, o al menos así es como veían a Death Race en los salones recreativos de 1976.

El juego partía de un concepto diferente a como lo conocimos en los salones recreativos de la época, menos polémico y con el nombre de Destruction Derby. El juego lo desarrolló Exidy Games y más tarde lo vendió a Chicago Coin, los cuales se negaron a pagar los derechos de autor. Lo que llevó a buscar una solución drástica, rehacer el juego con otro nombre y de forma diferente.

Pete Kauffman, el fundador de Exidy Games, no se quedó de brazos cruzados, por lo que realizó cambios en su juego Destruction Derby. Además del nombre, para poder lanzar el juego al mercado y generar con ello beneficios, cambió los choques entre vehículos por una idea un tanto más polémica, atropellar a gente; lo que le llevó a ser muy criticado.

Destruction Derby era un juego en el que controlas un coche, el cual debía chocar con otros vehículos que circulaban por la pantalla. Estos eran un poco más rápidos que el del propio jugador, para darle más dinamismo y diversión. Pero esa idea se convirtió en lo que ya conocemos; una versión muy primigenia de otro título que jugaba con esta posibilidad, Carmageddon.

Kauffman decidió realizar cambios en el juego y venderlo con el nombre de Death Race; quizás con reminiscencias o inspirado en la película Death Race 2000 de Paul Bartel. Película que llegó a las salas de cine en 1975, con el propio Sylvester Stallone entre el reparto, y que tenía varias similitudes con este juego.

Por ello cambió los choques de los vehículos, por golpear “monigotes” o algo similar a “esqueletos”. El objetivo era evitar que estos esqueletos escaparan del cementerio atropellandolos con el coche y cada vez que conseguías alcanzar alguno, este cambiaba por una cruz.

Una mecánica simple, pero efectiva, ayudada por un volante que incluía la propia recreativa. Además se incluía uno para cada jugador, ya que se podía jugar acompañado de otra persona.

Esto trajo consigo cierta polémica, ya que donde el propio desarrollador decía que atropellamos diablillos, otros veían personas humanas. Podéis ver el vídeo que acompaña al artículo y sacar vuestras propias conclusiones, pero donde debían haber diablillos, otros veían personas y yo veo esqueletos.

La polémica llegó hasta un programa de televisión de la CBS (60 minutes) y no fueron pocos los que criticaron el concepto del juego. Lo curioso es que Death Race vendía bien en los salones recreativos, y contra más polémica generaba, mejor eran sus ventas. Como el propio Kauffman reconoció más tarde.

Aunque el juego tuvo éxito, algunos dueños de salones recreativos se negaron a tener una máquina de Death Race en su salón. E incluso se llegó a realizar una secuela, que apenas presentaba muchos cambios y que se lanzó simplemente por puro marketing. Si algo funciona, y encima la polémica ayuda a vender ¿Para qué cambiarlo?

Debido a la mala aceptación que generó Death Race en varios colectivos de gente, y la opinión pública, las demás desarrolladoras tuvieron muy presente no lanzar juegos de similares características, para que no se les relaciona con el tema.

Incluso el propio Nolan Bushnell se negó en rotundo lanzar juegos tan violentos con el sello de Atari. 

¿Y tú qué opinas? ¿Crees que era para tanto?

Por aquel entonces no existía regulaciones como el código P.E.G.I (Pan European Game Information) que tenemos hoy en día y quizás Death Race debía haber presentado un +18 en su Flyer de la máquina y listo.

https://youtu.be/iFSkL3W9yRg

Fuente | Libro “La gran historia de los videojuegos”, Steven L. Kent

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